Pues después de una dura semana de adaptación y previamente al botellón y la salida del viernes voy a hacer un breve resumen de las dos semanitas y media de vacaciones en las Rías Baixas, concretamente en O Grove, y concretando todavía más, en casa.
Han sido unos días tranquilitos dentro de lo que cabe, y digo dentro de lo que cabe porque en casa paraba a dormir y poco más.
Los primeros días fueron bastante calurosos y como no podía ser de otra forma los aproveché para ir a la playa, aunque no tanto como hubiese deseado ya que dos tardes en Vigo, una de compras y otra en una boda, son incompatibles con la siesta sobre la arena y bajo la sombra de los pinos. De todas formas el mono que tenía de playa ya me lo quité con las dos primeras sesiones.
El primer fin de semana fue de boda en Vigo, un lujazo en el Pazo Os Escudos con menos fiesta de la que hubiese deseado. Y fue menos porque una vez acabó la barra libre en el hotel nadie se animó a salir por Vigo a tomar unas copillas más. El día siguiente resaca en la playa de Nerga y una caravana de tres pares de cojones para volver a casa.
Las mañanas de los días de semana me entretuve haciendo cualquier cosilla en casa o saliendo a correr un rato y por las tardes nos dejábamos caer por la Marquesina y luego, si el tiempo acompañaba, a la playa a parasitar hasta la hora de volver a casa, ducha y salir a tomar unas cañas, tapas o lo que surgiese.
Los días del fin de semana fueron de salidas nocturnas, y que no quepa duda, salir a darlo todo, que las dos semanas enseguida se acaban y hay que aprovecharlas lo máximo posible. Muchas risas, muchas copas y muchas horas pasándolo bien por los locales que tenemos en el pueblo.
La siguiente semana se pasó de forma parecida a la primera, con playa los días en los que el tiempo lo permitía y con cervecitas y algunas raciones por las noches para no volver a casa demasiado temprano. Y el fin de semana de fiesta otra vez; esta vez con parada en el Cambados en la fiesta del albariño y fueron tres las botellitas que nos bebimos escuchando a Deluxe antes de volver a O Grove a dedicarnos a graduaciones más altas de alcohol.
La verdad es que dos semanas enseguida se pasan y no dan para mucho, pero bueno, se está con la familia y los amigos y se pasan buenos ratos con todos ellos, que, al fin y al cabo era el fin último de las vacaciones.
Y lo mejor de todo es que dentro de una semana vuelvo; voy a aprovechar el festivo del 15 de agosto que cae en viernes y hacer un puentecillo y de esta forma volver a disfrutar durante un par de días más de la maravilla de sitio en el que me crie.